mercoledì 18 dicembre 2024

 





Historias de perdón: La amiga traicionera


Una buena amiga no es aquella que es perfecta, sino aquella que, a pesar de sus imperfecciones, te mantiene cerca. Las amistades, al igual que cualquier otra relación, no son infalibles; todos cometemos errores, ya sea una madre, una hermana, un padre, una tía o un hijo, y eso es completamente aceptable. Los errores son oportunidades de aprendizaje, y son afortunados quienes saben abordar con sabiduría y humildad las decisiones que la vida les presenta.


Un día, aquella que consideraba mi mejor amiga, a quien apreciaba y confiaba profundamente, me sorprendió de manera inesperada. La valoraba tanto que casi la veía como una figura maternal, especialmente en ausencia de una madre en mi vida. Apreciaba su forma gentil y afectuosa de tratarme; se preocupaba por mí, y ese gesto significaba mucho para mí. Disfrutaba de nuestras conversaciones y de los momentos compartidos durante las cenas que organizábamos y las actividades que teníamos en común.


Ambas éramos extranjeras, lo que quizás fortaleció aún más nuestro vínculo en un país que no era el nuestro. Yo tengo un corazón muy abierto y me encariño con las personas con facilidad. No es necesario que las personas hagan un gran esfuerzo para ganarse un lugar especial en mi corazón, y ella, sin duda, había encontrado su espacio en él, que acoge con amor incondicional a aquellos seres que la vida me brinda, permitiéndome establecer conexiones significativas que marcan nuestras vidas para siempre.


Sin embargo, un día, todo cambió de manera repentina e inesperada, dejándome en un estado de vacío que tuve que aceptar con amor y resignación. Ese día, decidí pedirle ayuda a mi amiga, ya que me encontraba en una situación difícil, pero su reacción fue la menos esperada. Aquella querida amiga, a quien admiraba y en quien confiaba, me bloqueó en WhatsApp y asi entendi que ella no estaba dispuesta a ofrecerme su ayuda.

Era la única amiga que tenía y me quedé sin una amiga que me apoyara en uno de los momentos más difíciles de mi vida.

Era como quedarse sola  en medio del desierto sediento por un poco de agua pero nadie podía darte al menos unas gotas así que se siente como morir por no encontrar esas gotas de aguas que necesitas para poder pasar el desierto y no morir en el intento.

En ningún momento me pregunté me cuestioné porque a mí porque me pasa a mí estas cosas porque a veces la vida puede ser tan dura cuando realmente la vida no quiere maltratarte solo quiere acomodarte solo quiere ayudarte a desarrollar tu mayor potencial y que entienda que eres una persona poderosa y que no necesitas refugiarte en las palabras de alguien para sentirte fuerte porque tu mayor fortaleza radica en tu interior y en la conexión que tienes con Dios.

Han pasado más de tres años desde aquel día en el que tuve que darme cuenta que había perdido una amiga había perdido una hermana había perdido una madre había perdido la única amiga que tenía.

Cada vez que pienso en ella siento compasión por ella a veces me la encuentro caminando por la calle y simplemente la observo con ojos de compasión porque mi corazón no era rencor.

El rencor te aleja de la gracia de Dios

Quizás para muchos es muy difícil perdonar a una persona que considerabas tu amiga y que te ha dado la espalda en los momentos más difíciles de tu vida pero en mi caso se me ha hecho fácil hacerlo porque no sólo la he perdonado a ella he tenido la gran oportunidad de perdonar una gran lista de personas.

Te preguntarás cómo le haces para perdonar de una manera tan fácil y ligera.

Te preguntarás cómo es que no me complico en conceder un perdón de corazón.

Te preguntarás cómo será capaz de ayudar a esta persona si la veo en dificultad sin ningún tipo de resentimientos rencores odio.

Te preguntarás como será capaz de ofrecer una ayuda genuina de corazón como si aún fuera mi mejor amiga.

Todas estas preguntas son válidas y seguramente están sostenidas en alguna convicción o creencia o quizás tú lo puedas llamar algo poder sobrenatural.

Todos tenemos ese poder solo que muchos aún no lo han desarrollado pero todos tenemos la habilidad y el poder de perdonar y este perdón solo puede ser concedido a través del amor.

El amor es más fuerte que el rencor y puede romper con cualquier barrera que pueda interponerse entre ese amor que debe existir entre los seres humanos.

Te voy a explicar de una manera sencilla cómo se me hace tan fácil perdonar a quien ni siquiera me ha perdido perdón porque es un perdón de amor incondicional.

Las razones por las cuales yo perdono a esta persona están sostenidas por dos razones principales.

La primera es la más importante de todas y es la siguiente:

Yo soy plenamente consciente que el rencor me aleja de Dios y me aleja de la gracia de Dios porque si yo llevo rencor por una persona es como si llevara rencor por Dios porque ese ser humano es parte de Dios y es parte de su creación y si yo amo a Dios debo amar todo lo que viene de él.
Para mí es importante mantener una conexión con Dios y el perdón es el canal que me mantiene bajo la gracia de Dios y no hay nada que pueda lograr separarme de su gracia y de su presencia.

El perdón es una demostración de amor hacia Dios

Yo amo a Dios sobre todas las cosas y si realmente lo amo sobre todas las cosas no puedo permitir que el rencor se interponga entre esa relación y  esa conexión que tengo con Dios.
Sería contradictorio decir yo amo a Dios y no amar a sus hijos que son parte de él.Yo amo a sus hijos en  su completa imperfección.

La segunda razón es la siguiente:

La segunda razón por la cual perdono a esta persona es porque entiendo y tengo plena conciencia que detrás de su acción había temor, había mucho miedo.
El comportamiento incorrecto de esta persona está basado en su miedo y ha sido ese miedo el principal culpable de que la relación entre nosotros se halla roto.

Debemos entender que muchas personas no son malas y no son crueles sino que son personas que están actuando en un lugar de miedo y ese miedo los lleva actuar de ese modo que luego nosotros podemos ver como algo cruel algo que los hace ver como personas malas cuando realmente no son personas malas son personas que están influenciadas por una energía de miedo y ese miedo es el que hace que esa persona se comporte de ese modo y eso es algo totalmente aceptable y razonable para conceder un perdón genuino y de corazón.

Es importante reflexionar que hay detrás de un comportamiento que podemos catalogar como malo o cruel.
Porque detrás de esa crueldad se puede esconder mucho miedo. 
Hoy no puedo decir que esta persona es cruel y mucho menos que fue mala conmigo, sería injusto llamarla cruel.
La vida me ha llevado por un camino muy intenso donde las experiencias que he experimentado me han colocado en un lugar donde puedo ver la vida desde un lugar mucho más elevado en  conciencia y amor.

Es gratificante tener la oportunidad de encontrarme con  esta persona todavía por la calle y poder sentir esa paz, esa calma y esa serenidad que solo el perdón te puede otorgar.
Solo el perdón puede concederte esa paz interior y mantenerte conectado con la gracia de Dios.

A pesar de haber tenido tantas experiencias negativas hoy puedo solamente dar gracias porque gracias a ellas hoy soy la persona en la cual me he convertido, en una persona más amorosa, más compasiva más empática, más paciente y más comprensiva con el dolor y la batalla que cada persona está enfrentando en su viaje por esta tierra.

Hoy solo puedo invitarte a ti a explorar tu corazón y buscar si hay algún  lugar oscuro donde se aloja el rencor.
Si encuentras algún rencor trabaja para sacarlo de allí y si te cuesta sacarlo de allí yo te ofrezco mi ayuda sincera e incondicional porque yo quiero que tú recuperes tu relación con Dios porque es lo único que va a llenar tus vacíos porque es lo único que va a llenar tus días de alegría porque es el motor que necesitamos para vivir en amor, en gratitud, vivir en la aceptación, vivir en el compartir y sobre todo vivir en el perdón.

María G.



martedì 17 dicembre 2024



Todos llevamos en el corazón a alguien a quien perdonar, o hemos tenido la oportunidad de ofrecer el don del perdón a un amigo, compañero o familiar. Este acto es parte de nuestra esencia y, aunque lo hemos hecho, el camino del perdón es eterno. ¿Y por qué es infinito? Porque en nuestro andar encontraremos almas que, por diversas razones, cometen errores, y esos errores merecen ser perdonados, ya que nadie es perfecto. Estos tropiezos nos humanizan y nos permiten crecer.


El perdón es un fenómeno multifacético; perdonar no implica que debas seguir soportando situaciones que atenten contra tu paz interior. Imagina que alguien lucha contra el alcohol y, en su batalla, te maltrata físicamente. Puedes, con nobleza, perdonar su falta, pero si esa persona no busca sanar su relación con el alcohol, tienes todo el derecho de distanciarse de quien te trata de una manera que no mereces. Recuerda: perdonar no significa tolerar; se trata de liberarte del peso del resentimiento y alejarte si el comportamiento de la otra persona no mejora.


Este ejemplo, aunque sencillo, refleja que, sin importar la complejidad de la situación, la elección del perdón siempre será la más sabia.


Este árbol simboliza el perdón que debemos concedernos a nosotros mismos y a los demás por los errores cometidos. La lista de aquellos a quienes he perdonado, sin que me hayan solicitado perdón, es extensa; cada acto de perdón representa un logro en mi camino hacia una versión más elevada de mí misma como ser humano.


¿Y tú, a quién has perdonado?


¿Te está costando ofrecer ese perdón? ¿No sabes cómo liberarte de ese oscuro sentimiento? Estoy aquí para ayudarte a soltar ese rencor.



 


El poder mágico del perdón y la aceptación



El perdón es una puerta por la que muchos temen cruzar. Parece un acto de entrega, como si al perdonar aceptamos una derrota al renunciar a una parte de nosotros mismos, pero en realidad el perdón no tiene que ver con los demás sino contigo es la liberación más pura la forma en que te permites. dejarte atrás es lo que te pesa desde hace demasiado tiempo y junto al perdón llega la aceptación, ese susurro silencioso que te invita a abrazar la vida porque no es como te gustaría que fuera. Recuerdo una época en la que el perdón parecía imposible. Me había herido profundamente alguien a quien amaba, alguien en quien confiaba. Las palabras que dijeron me persiguieron durante meses.

 Yo era el único que no podía quedarme callado lo pensé, sentí una mezcla de ira y tristeza enredándose en mi pecho como un nudo que no podía desatar, entonces me pregunté por qué me duele tanto y qué hago. Gané aferrándome a este dolor, la respuesta fue como un duro golpe, no gané nada con ello, lo que hice fue cargar con una herida que nunca sanó porque yo misma la mantuve abierta reviviéndola una y otra vez, dándole más poder del que merecía. Fue entonces cuando comencé a comprender que perdonar no se trata de justificar lo sucedido o minimizar el daño y liberar el corazón para que lata sin el peso del resentimiento, sino de cómo perdonar cuando el dolor es tan profundo. Esta fue la pregunta que me llevó a mirar más allá de mi dolor.

Descubrí que el primer paso era aceptar mis emociones, reconocer mi enojo, mi tristeza, incluso mi sentimiento de injusticia que no hubiera podido perdonar si no hubiera aceptado primero cómo me sentía, y que aceptar era como abrirme. Cuando la puerta de una habitación se cerró por primera vez, sentí que no podía respirar. Aceptación, que palabra tan poderosa y a la vez tan incomprendida, muchos creen que aceptar significa rendirse pero ese no es el caso. Aceptar no es renunciar a cambiar lo que puedes cambiar, es hacer las paces con lo que no puedes controlar. es mirar una situación, una persona, incluso a ti mismo, y decir que es lo que es y que está bien, no porque sea perfecta sino porque resistirse no cambia nada, sólo te mantiene atrapado.

Una vez, mientras caminaba por la playa al atardecer, me encontré con una enorme roca que sobresalía de la arena. Las olas lo golpearon una y otra vez, pero la roca no se movía, el agua la rodeó, se adaptó y siguió su camino Por supuesto me detuve a mirar y en ese momento entendí que aceptar es como el agua, no se trata de dar. Nos enfrentamos a los obstáculos pero encontramos una manera de fluir a través de ellos, y la combinación de perdón y aceptación tiene un poder transformador.

Cuando perdonas no cambias el pasado pero liberas el presente cuando aceptas no eliminas los desafíos pero encuentras la paz para enfrentarlos juntos el perdón y la aceptación te permiten avanzar te permiten soltar lo dolor que te frena, el espacio se delimita y se abre para algo nuevo, algo más ligero pero quizás la forma más difícil de aplicar estos principios es a nosotros mismos.

 ¿Cuántas veces nos castigamos por los errores que cometimos, por cosas que no dijimos o por cosas que dijimos demasiado tarde? Recuerdo un momento en el que me sentí completamente derrotada, llena de culpa por una decisión que había tomado semanas atrás, me castigué, recordé cada detalle de lo que había hecho mal hasta que un día, mirándome al espejo, me di cuenta de que. la única persona que podía liberarme de ese sentimiento de culpa era yo mismo, sentía que no lo merecía, como si el castigo fuera necesario para espiar mis errores. Cuanto más me aferraba a esa culpa, más me daba cuenta de que no me estaba ayudando a ser mejor, sino que simplemente me estaba hundiendo. , cuanto más aprendí a hablarme a mí mismo con compasión, a recordarme que los errores no definen quién soy sino lo que hago con ellos, la aceptación de mis imperfecciones no me hizo más débil, me hizo más humana.

Hoy, cuando pienso en el perdón y la aceptación, los veo como dos alas de un mismo vuelo sin las cuales no puedes elevarte por completo. Perdonar sin aceptarlo te deja atrapado en el pasado esperando que las cosas hubieran sido diferentes. Aceptarte sin perdonarte a ti mismo sigue. estás en un estado de resignación sin la libertad que viene al soltar pero cuando los unes descubres una ligereza que te permite seguir adelante con un corazón más ligero con una mente más clara, el perdón y la aceptación no transforman el pasado pero tienen el poder para transformar tu presente y al final es lo único que realmente importa.

Fuente del libro El Código Mental

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